“Y los lunes ¡hablamos de fútbol”!, por Begoña Marugán

A pesar del fiasco de Eurovisión de la noche anterior, el domingo empezaba bien. En el Diario Público leía la apuesta por la igualdad salarial en Nueva Zelanda. Desde ahora la selección femenina de fútbol cobraría lo mismo que la masculina. El anuncio lo hacían la Federación Neozelandesa de Fútbol y la Asociación de Futbolistas Profesionales de ese país. Un hito histórico que demuestra que cuando se quiere se puede. Pero ¿por qué tanta alegría si sólo es fútbol? se puede pensar.

 

BEGOÑA MARUGÁN PINTOS | 18 MAYO DE 2018

Begoña Marugán Pintos

Pues precisamente por eso, porque se trata de fútbol. El fútbol no sólo es un deporte o el deporte rey por excelencia, es símbolo y reflejo de una sociedad. Concebir el fútbol como una actividad laboral y con derechos laborales más allá de referirnos a las millonadas que ganan sólo una minoría de jugadores mediáticos ya es un éxito. Al hablar de fútbol lo estamos haciendo de una actividad laboral que requiere de una serie de derechos laborales, como el resto de deportes profesionales. No se puede seguir entendiendo el deporte sólo como deporte base y por tanto un hobby saludable, hay que entender que hay un buen puñado de hombres y mujeres que dedican su vida al mismo y que deben gozar de los mismos derechos laborales que el resto de trabajadoras y trabajadores.

Pero además de trasladar al imaginario la idea de que nos encontramos ante un trabajo, celebré doblemente la noticia porque el fútbol se ha definido por los expertos como la última frontera del machismo. Que sea en el fútbol donde se equiparen salarios y se elimine la brecha salarial debería hacernos pensar en cómo superar la misma en todos y cada uno de los sectores en un País como el nuestro donde no existe ni tan siquiera una ley que permita a las empleadas de compañías con más de 200 personas en plantilla conocer el sueldo de los compañeros que desempeñan el mismo puesto de trabajo, como en Alemania y a un presidente del gobierno que cuando le preguntan por esta cuestión no está dispuesto a “meterse en este lío”.

El día futbolero para algunas feministas seguía cargado de emociones. En Anoeta el equipo femenino había dado una lección. Ya no vale decir que a las futbolistas se les paga menos porque su juego no interesa. En Donosita se superaron todas las expectativas en cuanto a afluencia de público (21.500) y el club donostiarra tuvo que abrir más tribunas de las que tenía previsto en el derbi de la Liga Iberdrola del Real Sociedad contra el Athletic de Bilbao. Esta afluencia superó la entrada del partido del sábado donde la Real Sociedad jugó con el Leganés, con 19.981 espectadores y donde aparentemente según los medios, nadie quería perderse el homenaje a Xabi Prieto y Carlos Martínez.

Pero poco dura la alegría en la casa del pobre dice mi madre y por la tarde me llega por amigos la noticia del triunfo del equipo femenino del Atlético de Madrid. En Zaragoza el Atlético de Madrid Femenino se había proclamado campeón de la Liga IBERDROLA, consiguiendo su segundo título de Liga consecutivo (sumando 77 puntos, 24 victorias, cinco empates y una sola derrota). Obviamente esta no era la mala noticia, más bien al contrario. Me alegraba mucho por las madrileñas a las que hay que felicitar. La mala noticia fue el saber que en este deporte no se puede hablar de brecha salarial sino de un océano de discriminación. No daba crédito a lo que leía en twitter de @FonsiLoaiza: “El Atlético de Madrid femenino se ha proclamado campeón de Liga. Reciben como premio: 1.350€ (54€ por jugadora). El presidente de la Liga de fútbol @Tebasjavier gana 3.200€ al día (1,2M€ al año).

No podía ser cierto. Ante la recriminación de mi hijo por ser tan crédula busqué información y la rabia acabó imponiéndose. Entonces encontré un artículo firmado por Laura del Río del año pasado, cuando este equipo también ganó la liga, en el que se indica que “el equipo campeón de la Liga Iberdrola, la Primera división femenina, según la normativa de la RFEF, gana 1.352,28 euros. Mientras que el segundo clasificado se llevaría un total de 901,50 euros”. O sea, ¡que lo de twitter era cierto! Pero aún era peor. Seguí leyendo: “El equipo que logre alzarse con el título de Copa de la Reina se embolsa 0 euros. Por el contrario, el campeón de Liga de los equipos juveniles masculinos gana, según la RFEF, 12.020 euros; y por ganar la Copa del Rey, 3.000 euros”.

Seguiría con datos porque el campeón de la Copa Federación- disputado por equipos de Segunda división B y Tercera división masculina- gana 90.000 euros (casi 90 veces más que el campeón de Liga de mujeres), pero no merece la pena. Lo importante hoy no es que a las mujeres se les pague menos por el mismo trabajo, lo que lleva sucediendo desde hace siglos, sino que parezcan denuncias de este hecho. Esta situación a los ojos de cualquiera es inadmisible y confío en no tener que escribir sobre océanos de discriminación laboral el año que viene un lunes cualquiera porque también muchas mujeres los lunes hablamos de fútbol. 

Begoña Marugán Pntos
Profesora de Sociología de la Universidad Carlos III y Adjunta de la Secretaría de las Mujeres de la FSC CCOO

 

 

 

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