Mireia Belmonte, ¡bronce olímpico en 400m. estilos!

Mireia Belmonte sigue alargando su leyenda olímpica. En el día del debut y después de una mañana donde Hosszú ha puesto a trabajar al pelotón, Mireia se plantó en la calle 5 y se dijo “está a tiro y vamos a por ella”. Pero fue un eterno sufrimiento. Llegó a ser 5ª y, en una remontada colosal, arrancó el podio a Hannah Miley (GBR). 

LÍDERAS I 7 AGOSTO DE 2016

¡Qué carrera! Sabíamos que Katinka Hosszù (HUN) estaba fortísima, pero no lo siguiente, Su excepcional dominio de los estilos, con una mariposa y una espalda portentosas, le daba tal ventaja y tal superioridad sobre el resto que tuvimos rápidamente que presenciar dos carreras, la de Katinka contra el crono y la del resto en busca de las otras dos medallas. Y ahí Mireia, a diferencia de la mañana, sí que estuvo contra las cuerdas y a punto de tirar la toalla…

Pero si algo ha aprendido la discípula de Fred Vergnoux es que para ganar hay que saber sufrir, y mucho. Y eso es exáctamente lo que hizo, sufrir como una descosida después de llegar a ser quinta en el ecuador de la prueba y jugarse el todo por el todo con su braza. Tampoco le dio, porque la estadounidense Dirado era otra, y la británica Hannah Miley no aflojaba. En el primer 50 libre, todo igual, con una Mireia cuarta a la estela de Dirado y Miley, una vez olvidada la Hosszù.

Cincuenta metros, quedaban cincuenta metros para la foto de la posteridad o la nada, porque al nivel de superstar de Mireia el cuarto puesto es la nada (aunque sea enorme) y la española más que bracear, rompía con saña el agua, bajaba la cabeza, y tiraba pies poseída y con la decisiva ventaja visual de cubrir perfectamente la espalda de la Miley, que sintió un aliento en el cogote tal que la hizo casi desfallecer. A cinco metros de meta, Mireia -por centésimas- era bronce, medalla al fin y al cabo, y Miley moría en la orilla.

Es lo que tienen los JJOO, todo o nada. Mireia no negoció bien sus cartas, pese a sus 4.32.39, y no ganó la medalla por estrategia, la ganó por una fe en sí misma abrumadora cuando todo estaba prácticamente perdido. Por eso sabe mucho mejor, porque ganar un bronce remontando hasta el último suspiro sabe más a victoria que una plata desangelada a varios cuerpos de la Hosszù, cuyo récord del Mundo y celebración incluida dejaban un rotundo mensaje a sus rivales. Afortunadamente, la gloria se reparte en tres cajones, aunque el oro -convengámoslo- sea el más excitante y el que hace tilín a nuestra Belmonte. Bueno, hay más cartuchos.

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