El Miedo es gratis en las tandas libres

Quiero subrayar, antes de cualquier consideración, que este texto trasciende más allá de la responsabilidad y del buen hacer que muchos organizadores de rodadas ponen en su trabajo y negocio, y que, en absoluto, guarda los tintes de una denuncia contra su tarea, ni tan siquiera la intención de señalarles con el dedo; más bien al contrario, pretende dejarlos al margen para apuntar al que un servidor cree el verdadero origen del ambiente que, desafortunadamente, cada vez se está viviendo con más frecuencia en las rodadas. Tampoco pretendo crear un clima de histérica sicosis: eso sería una absurda exageración; tan sólo intento llamar la atención sobre una predisposición que se está generalizando cada vez entre más motoristas antes de hacer por primera o primeras veces una rodada.

TOMÁS PÉREZ I 13 DE MAYO DE 2015 

Le doy alcance antes de El Garrote, hago la transición hasta La Cafetería pegado a su colín para aguantar el paso por curva justo a su rebufo, esperando el final del viraje para levantar la moto con el gas abierto a fondo, encarando la recta corta. En el momento justo en que giro todo el puño sin contemplaciones, el tipo que llevo pegado delante de mí, con su cabeza apenas a dos metros de la mía, corta de golpe y se vuelve para mirar atrás, sí, para ver si viene algún colega de su cuadrilla.

Apenas treinta metros más adelante, a la derecha de la entrada a la rápida de El Hospital, otro participante de la rodada se ha quedado parado con su Kawa sobre la tierra. A la vuelta siguiente, cuando paso apurando, casi pisando ese piano de la derecha para tirarme después con decisión a por la curva de izquierdas, le observo de reojo mientras busca algo en el suelo, aún subido en su moto. Otra vuelta más, ya me había olvidado de aquel individuo cuando enfilo la pequeña recta anterior con el gas a fondo y la cara metida tras la cúpula, consultando en un lapso el cuentarrevoluciones. En el momento de levantar la vista, una décima antes de ajustar la trazada a ese piano exterior, el vello se me eriza electrificado por el terror. La Kawa de aquel sujeto estaba justo ahí, apoyada con la pata de cabra…, sí, precisamente sobre ese piano. Prefiero olvidar aquella escena cuanto antes y acabar la vuelta recuperándome del susto, sin perder la concentración; pero al volver a pasar, tomando mis distancias, contemplo asombrado que el dueño de la Kawa se ha acodado sobre su depósito y está fumándose un extraordinario cigarrillo.

Otro día, en otra rodada. Al iniciar la parabólica de derechas que desemboca en la recta de meta, diviso una moto –creo recordar que se trataba de una naked- bastante más lenta por la izquierda, haciendo una trazada muy abierta. En el momento en que decido abrir gas y rebasarlo rápidamente por el interior, una bombilla se enciende dentro de mi cabeza y, sin saber por qué, mi mano derecha se retiene mientras no despego el ojo de la naked. No tengo ni idea de qué fue aquello, quizá un acto de providencial intuición inspirada en los 54 años que tengo…, 53 entonces. El caso es que ante mi estupor, en el último instante el piloto de la naked decide cruzar la pista por completo, de izquierda a derecha, para entrar directamente al carril de boxes; como si se hubiera dado cuenta de que dejaba atrás la calle en la que quería girar.

TANDAS

Meses más tarde, alguien se queda sin gasolina y decide, buenamente, hacer el camino de vuelta a boxes en sentido contrario al de la marcha del circuito. Evidente: como estaban tan cerca. Dos que se paran en la pista para ver qué le ha pasado a un amigo que se ha ido a la grava. Otro, ése es el más rápido de todos, que rebasa casi rozando a los participantes más lentos –con nada menos que 12 metros de asfalto a su disposición- y además de eso, se regodea marcándose unas eses delante de él.

Algo bastante frecuente es ver a alguno a lo lejos que en cuatro curvas te has echado encima de él. Le enseñas la moto claramente -la moto entera- a la entrada del siguiente viraje para hacer el adelantamiento sin complicaciones y, cuando vas a tirarte al interior, decide inesperadamente disputarte de forma absurda la curva, cortando por lo sano tu trayectoria para lanzarse a buscar un ápice que ni ve ni tal vez sepa de su existencia.
¿Qué debo hacer entonces, antes de entrar en el siguiente viraje? ¿Arrinconarle contra el piano, alargando la entrada, para que se lleve un susto y así darle una lección?
Pienso que no. Aunque sea lo que tal vez te pida el corazón cuando late a 190 por minuto, está muy claro que eso sería tan absurdo como la insensatez que él acaba de cometer, y está muy claro, además, que sobre todo potenciaría más aun ese ambiente de tensión.

Paseando por los boxes, entre tanda y tanda, la preocupación no disminuye. Ya no es una anécdota encontrar una nevera repleta de cervezas CON, que a mediodía se ven vacías al abrir el contenedor de la basura.

Elena Calleja-Líderas Motor¿Se fuma en los boxes? Por supuesto. Sí, es frecuente ver fumar, a pesar del combustible que se guarda y se maneja en ellos; pero lo que llama más la atención últimamente no es el humo sino el aroma de lo que fuma algún que otro piloto; y para percibirlo no es imprescindible haberse criado, como en el caso del que subscribe, en la época más hippie de la historia. Aparte del tabaco y similares, escuchando a algunos de los que han venido al circuito por primera vez, se alimenta esa preocupación que algunas veces se plasma después sobre la pista. Algunos de esos principiantes manifiestan que lo que siempre han querido es hacer unas tandas libres, y de ninguna forma verse sometidos al método y al orden de un curso de conducción.

Resumiendo: Un tipo que fuma con la moto aparcada sobre el piano, otro que corta gas en el momento de abrir a fondo, otro más que viene empujando en sentido contrario, el que corta la pista de lado a lado como si fuera una calle desierta de su barrio, algunos que son 30 segundos más lentos que tú y te disputan la frenada, una custom negociando Sito Pons, apurando en Expo 92 y transitando por Michelín… Sí, he dicho bien: ¡Una custom inscrita en una rodada nada menos que haciendo Jerez!

El miedo es gratis en las tandas libres.
Es que me he hecho viejo. Sí, soy demasiado viejo.

Sin embargo, cuando llegan las carreras, desaparece ese estado excepcional de alerta, ese temor a lo inesperado, y en su lugar un clima de confianza preside tanto la pista como los boxes durante todo el fin de semana.

Pasadas del grupo de cinco o más de cabeza que me dobla sin peligro aparente; adelantamientos ajustados de mis rivales, casi tocándome, e incluso con la moto ya inclinada y que no logran otra cosa que hacerme sentir plenamente dentro de una carrera. Me rebasa un rival y tiro la moto para hacer el viraje completo pegado a su colín con una ciega seguridad. Veo la posibilidad (no son muchas, la verdad) de pasar a alguno y meto la moto sin contemplaciones, incluso aguantando los dos en paralelo parte de la curva.

Todas estas maniobras -no olvidemos que hablamos de una carrera-, cien veces más ajustadas y apuradas que las que busco en cualquier rodada, transmiten, en la inmensa mayoría de las situaciones una bomba de emoción, un subidón de adrenalina, como gusta decir ahora, y sólo en algunas ocasiones, las menos, un verdadero trance de miedo, un auténtico momento de pánico.

El Miedo es gratis en las tandas libres.

No sólo es una cuestión de diferencia de ritmos entre los participantes de una rodada.

Elena Calleja-Líderas Motor

Siempre me ha preocupado, siempre he preguntado o al menos tanteado a algunos de mis rivales, a los que me sacan 10 segundos por vuelta, cuánto les molesto al encontrarme en pista. Ellos me dicen que nada, o que muy poco, si es que me alcanzan en medio de la curva. La razón que dan es que tanto mi trazada como mis movimientos son totalmente predecibles.

Alguien que entra las primeras veces en una pista, sin haber pasado antes por la valiosa instrucción –a mi modesto modo de ver, imprescindible- que aporta un curso de conducción, puede cambiar la trayectoria de manera arbitraria e imprevisible en cualquier momento.

De todos modos, pienso que esta circunstancia, la del ritmo, no es la que tiene un mayor peso sobre estas situaciones de inseguridad que se empiezan a vivir, cada vez más, en algunas rodadas. Como ya he subrayado en el prólogo del texto, creo que se trata de algo más profundo y extendido fuera del mundo de los circuitos, algo que escapa de las manos de los organizadores, a pesar de que pongan en su trabajo y su negocio, todo el empeño, toda su experiencia y toda su responsabilidad.

Bajo mi modesto punto de vista, el origen reside en la idea y en el ambiente que se está formando sobre el concepto de “Rodada o Tanda Libre” en muchos de aquellos motoristas que jamás han entrado en un circuito, o que lo han hecho en contadas ocasiones.

Una pista de carreras es un recinto diseñado para la velocidad en su estado más puro, diseñado para ir rápido de verdad. Una pista de carreras persigue como objetivo prioritario poner al límite, contra las cuerdas, tanto al piloto como a la máquina. Una pista de carreras está pensada para entrenar, para mejorar y para perfeccionar tu velocidad y la de tu moto en cada trance de la conducción. Una pista de carreras se ha construido para bajar tus tiempos, para vivir con toda su intensidad la competición oficial, para disfrutar de la velocidad en su plena extensión, sin límites ni cortapisas, sin barreras absurdas, sin remilgos. Dar gas cuanto antes y frenar lo más tarde posible.

TANDAS 3Entiendo, por tanto, que tenemos que ser consecuentes con nuestro comportamiento cada vez que entremos en un circuito. Debemos de conocer el significado de las banderas, respetarlo cada vez que se despliegue delante de nosotros y saber, también, cuál es el protocolo que se sigue en caso de caída, nuestra o de un compañero de tanda.
Pero, sobre todo, debemos preocuparnos únicamente de ir lo rápido que esté al alcance de nuestras posibilidades durante absolutamente todo el tiempo que nos mantengamos dentro del trazado. Concentrados y mentalizados sólo en ir rápidos, cada uno en su medida, cada uno con sus limitaciones y sus virtudes, y no pendientes de cualquier otra cosa que no sea hacerlo bien para mejorar nuestra velocidad.

¡Las tandas libres se organizan en una pista de carreras para ir a toda leche y no son, como bien dice mi apreciado M.A.Castilla, un moto-almuerzo!

Las máquinas partidas y sus pilotos en el hospital por choques absurdos, bien por desconocimiento o bien por la mera insensatez.

¿Habrá que esperar, como sucede con todo a lo que se da solución en este país, a que ocurra una o varias desgracias?

Estoy seguro de que no. Estoy completamente seguro y convencido porque, sencillamente, el colectivo de La Moto lleva dando desde sus orígenes una permanente lección de compañerismo, de solidaridad y de amistad al resto de la sociedad.

Tomás Pérez, redactor en Super7.com

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