De manadas, cromañones, neardentales, gañanes, garrulos en el deporte femenino

Da igual que sea en España o Australia, China o Suecia, México o Sudáfrica, lo sucedido a la jugadora de fútbol australiano Tayla Harris, evidencia el machismo y el sexismo en el deporte.

PALOMA ZANCAJO | 22 MARZO DE 2019

Es una lástima que tengamos que hablar de Tayla Harris, una de las grandes estrellas del fútbol australiano, por un tema como este, y no por sus logros deportivos. Ya sabemos que el mundo está lleno de cromañones, neardentales y demás primitivos; sí, primitivos porque se han quedado en la prehistoria, ajenos a los cambios evolutivos y sociales. Han preferido quedarse en su caverna imaginaria, pero viven a nuestro lado, camuflados, y cuando se sienten atacados, aunque nada ni nadie les ataque, arremeten sin más, por instinto que es lo único que tienen en su materia gris, o mejor dicho «gris» materia. A estos primitivos podríamos calificarlos también como garrulos, paletos, catetos, obtusos, pero el adjetivo que más les define es el de machistas. Sin más, estos hombres y algunas mujeres, que «haberlas haylas», son machistas, y además sexistas y homófobos, sin paliativos.

Parece mentira que a estas alturas, en pleno siglo XXI, una imagen de la jugadora de fútbol australiano Tayla Harris elevando la pierna por encima de su cabeza para rematar un balón que además fue gol, haya generado cientos de comentarios sexistas y homófobos por muchos usuarios en la redes sociales.  Desgraciadamente, no es la primera vez, ya pasó en los 80 en España con Emilio Butragueño. Fue portada en todos los periódicos, abrió telediarios y tuvo un lugar destacado en el resto de medios de comunicación. Eran los 80 y afortunadamente no existían las redes sociales por lo que todo se quedaba en comentarios en barras de bares, las tertulias entre amigos…, aún así tuvimos que escuchar muchas «burradas» sobre los atributos sexuales del jugador. Nada mejor , la excusa perfecta para demostrar la virilidad de los jugadores de fútbol, muy machos todos ellos.

En 2014, la jugadora de la selección mexicana de waterpolo Kayla Casas también fue noticia al mostrar involuntariamente su pecho en un lance del partido que jugaba contra Cuba. Las redes sociales hicieron el resto, la imagen la vieron miles de personas en todo el mundo y los comentarios sexistas se multiplicaron. 

No cabe ninguna duda que las redes sociales están siendo claves en la visibilización del deporte practicado por mujeres así que la cadena de televisión australiana Seven decidió publicar la foto de Tayla Harris en su cuenta de twitter, y ahí se montó el escándalo. Se multiplicaron los insultos, descalificaciones y agresiones (porque las palabras también hieren) a la jugadora australiana, hasta tal punto que la cadena decidió retirarla indignando aún más a Harris que lo interpretó como una cesión ante estos indeseables.  La jugadora reaccionó publicando la polémica imagen en su cuenta de Instagram junto con este texto: “Aquí tenéis una foto mía trabajando. Pensad en ellos– refiriéndose a la familia-  antes de comentar, animales”.

Posteriormente Harris afirmó ante los medios de comunicación que estos comentarios le habían hecho sentirse  “abusada sexualmente”, y aprovechó para expresar públicamente su orgullo por reflejar en esta imagen su trabajo, su fortaleza física, algo que debería estar exento de cualquier tipo de connotación sexual. Con esta afirmación la jugadora ha demostrado que los valores están por encima de todo, convirtiendo en fortaleza lo que otros pensaban que era debilidad. ¡Qué equivocados están estos supremacistas!. ¿Qué pensarán de ellos sus madres, hermanas, hijas, compañeras de trabajo?. Seguramente se les caerían las caras de verguenza, verguenza ajena. 

Lamentablemente seguirán campando a sus anchas gracias a la permisibilidad del sistema por lo que es necesario legislar para que estos comportamientos sean considerados delitos, -porque son delitos y no otros eufemismos-, contra las mujeres. Si no se toman medidas legales, las mujeres seguiremos siendo acosadas, vejadas, maltratadas, violadas, asesinadas… y seguiremos conociendo historias en el deporte en las que nos acosan, espían y graban en vestuarios con la complicidad de los clubes, en las que entrenadores, directivos, médicos abusan de nosotras impunemente, en las que somos insultadas por los aficionados en los distintos terrenos de juego y echadas de las canchas y campos que «compartimos» por nuestros propios compañeros…la lista de agravios es infinita.

La igualdad, la libertad de las mujeres es una entelequia, en nuestra mano está ser capaces de cambiar el paradigma actual, pero para ellos necesitamos a toda la sociedad, mujeres y hombres.

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