Conchi Amancio en A la Contra: “España debe disculpas a las pioneras del fútbol femenino”

Ayer, lunes 27 de noviembre fue publicada en A la Contra una gran entrevista del periodista Alejandro Delmás a Conchi Amancio, la que fue durante 25 años la gran figura histórica del fútbol femenino español que por su interés vamos a reproducir íntegramente.

ALEJANDRO DELMÁS (A LA CONTRA 360) | 28 NOVIEMBRE DE 2017

Formada en las calles y plazas de Malasaña, Conchi causó sensación desde el primer partido histórico de fútbol femenino, Mercacredit-Sizam, el 8 de diciembre de 1970 en el campo madrileño de Boetticher. Con 15 años ya firmó en Italia su primer contrato profesional. Una lesión de rodilla puso fin a su carrera en 1997, en el Arsenal. Conchi Amancio narró para A LA CONTRA sus experiencias, recuerdos y proyectos.

—Empecemos la historia por el principio. Por la Plaza del 2 de Mayo, en Malasaña. Todo comenzó allí, ¿no?

—Yo me crié en la Plaza del 2 de Mayo, iba al Colegio y allí, en la Plaza del 2 de Mayo, jugaba siempre con los chicos… tenía un montón de amigos. Me considero un poco de Malasaña. A mi padre le encantaba el fútbol, él jugaba en amateurs, y me llevaba desde que era pequeña a la Dehesa de la Villa. Todos los domingos, desde que era muy pequeñita. Así que crecí rodeada de balones. Pero la única manera de jugar al fútbol era con los chicos. Bajaba a la plaza o a la calle, me tiraba las horas muertas… mi madre se desesperaba, pero yo jugaba con los chicos y tenía una habilidad increíble. Los chicos jugaban maravillosamente y yo, siendo una chica, me tenía que esmerar. Si no, me ponían de portera y yo, de portera… no quería jugar. Tenía una técnica increíble y un buenísimo dominio del balón: era una cosa tan rara entonces… había que gente que se paraba a mirar, no era normal que una niña jugara al fútbol.

—Y desde Malasaña, con solo 13 años, llega al Sizam, el equipo de Rafael Muga que el 8 de diciembre de 1970, en el Boetticher, se enfrenta al Mercacredit en el primer partido de fútbol femenino formal que se recuerda en España.

—De aquella gente que se paraba en Malasaña… pues me vio algún ojeador de esos equipos. Creo que se acercaron a mi casa y hablaron con mis padres. El equipo del Sizam tenía un sótano muy grande en la Plaza de Ópera, justo enfrente del Teatro Real. Ya estaban montando el equipo de chicas. Allí empezó todo a organizarse, los entrenamientos y todo: unos meses antes de ese famoso partido. Todas aquellas chicas eran mucho mayores que yo, tenían 18 años, yo era más jovencita, pero ellas no sabían dar una patada. Yo era muy menuda y tenía 13 años, pero la técnica… la tenía. Aquel partido del Boetticher tuvo bastante resonancia, salió en toda la Prensa, en toda España.

—¿Fue ese el día en que empezaron a llamarla Amancio?

—Lo de Amancio fueron los periodistas. No sé siquiera cómo llegaron a Boetticher. Media hora antes allí no había nadie y después vimos a 8.000 personas. Parecía que toda la Prensa de Madrid estaba allí. No sé cómo pasó. Los periodistas me pusieron Amancio porque yo regateaba mucho y muy bien. Yo jugaba mucho en la calle y Amancio también era bajito y buen regateador. Pero no sé… yo me acuerdo del Real Madrid ye-yé, no tenía un ídolo en concreto de ellos. Mis ídolos eran mis amigos, los amigos de jugar con ellos en la calle, algunos chicos que eran más mayores, los del equipo de la Plaza del 2 de Mayo, jugaban muy bien al fútbol y me llevaban con ellos a jugar. Ellos fueron mis primeros ídolos.

—Lo que se llamaría… “la Universidad de la calle”.

—Nuestra generación éramos jugadoras de la calle, gente de la calle que jugaba en la calle. Y mi madre decía justo eso, que la calle es la mejor universidad que se puede tener. Lo entendí más tarde. Crecí en la calle, ahora todo ha cambiado mucho, así que soy natural, soy espontánea… pero cuando me hice mayor vi que eso no es suficiente, necesitas educación e instrucción, es un poco de todo: la calle y la educación van todo junto, como una estructura.

—Cambia el Sizam por el Olímpico de Villaverde, también con Muga, crece un poco… y en 1973 emigra a Italia, al Gamma 3 Padova, el primero de sus once equipos en el Campeonato italiano. Amancio se va a Padua, la ciudad de San Antonio.

—Había pasado dos años en competición en España cuando me fui a Italia. Tenía solo 15 años. Fue después de una cantidad de partidos en los que se promocionó el fútbol femenino, se montó la primera Selección española, las de Castilla y Andalucía. Éramos muy jovencitas. Y con esa cantidad de partidos…

—En Italia ya tuvo ficha profesional.

—Mis 22 años en Italia fueron un sueño convertido en realidad. Ganaba bastante dinero para poder seguir haciendo lo que se me metió en la cabeza. Lo mío era una cosa instintiva, no veía por qué yo no podía ser profesional del fútbol y los chicos, sí. Había muchísima discriminación. Imagino que las chicas ganan más dinero ahora y tienen mejores condiciones. Pero no me gustaba, me sentía muy mal , no era una cosa justa. El dinero en Italia sí era una cosa justa. Al fin, tenía que cambiar de mi equipo, ir adonde me pagaran más, donde estaban los mejores patrocinadores. Estaba enamorada de Italia. Siempre me gustó desde que era niña.

—¿Le daban 75.000 pesetas al año en el Gamma 3?

—El primer contrato fue menos que eso; eso lo pusieron los periodistas. El sueldo era normalito, pero yo hacía lo que me gustaba. Ahí me puse a estudiar. Tengo dos o tres carreras, me ha dado abasto para mucho, hasta los 60 años… soy Directora Deportiva, Terapista Holística y Profesora de Idiomas, que es en lo que trabajo ahora aquí en Bristol. Cuando vine a Inglaterra, al Arsenal, en 1995, me quedé en Brighton diez u once años, pero ya me vine a Bristol, que es más grande, con más oportunidades de trabajo.

—Entretanto, el fútbol femenino se iba organizando en España, aunque Amancio se había ido a jugar a Italia. Pero ya asomaba el futuro…

—Fui la primera capitana de la Selección española y de la selección de Castilla. La primera Selección española vino a través de las selecciones regionales y yo era la capitana de Castilla. Esa fue la Selección que fue a jugar a Italia.

—Esa Selección que llaman “Selección clandestina”. No suena demasiado bien, digamos.

—La historia depende de cómo se mire. En España siempre se mira como que aquello no fue una cosa oficial, pero aquí en Inglaterra, donde vivo, prohibieron el fútbol femenino por 50 años y hace unos años, la Federación Inglesa (FA) pidió disculpas oficialmente a toda la Prensa y al movimiento del fútbol femenino por no haber reconocido el fútbol femenino. No veo por qué en España no hay un reconocimiento oficial de lo que nosotras hicimos y siempre sale el tema de “clandestinas”. Se debería de reconocer lo nuestro, lo que hicimos, y pedir excusas. En España se podía haber hecho en 1971 el primer Mundial femenino. Todas esas prohibiciones han traído y siguen trayendo… que podíamos haber estado entre los tres primeros equipos del mundo y todavía no estamos. Hay que ir a las raíces. Deberían reconocer lo que nosotras hicimos, porque todo eso llevó mucho retraso… lo veo así quizá porque viviendo en el extranjero, comparas. Aquí han pedido disculpas. Y en España, ja, ja, todavía se sigue hablando en las entrevistas de “clandestinas” y “no oficiales”. Y no.

—Cuando habla de disculpas, ¿quién debería pedirlas y a quién?

—Hablamos de disculpas históricas (Conchi lo expresa en inglés: “Historical apologies”). Disculpas quizá suene demasiado fuerte: pero en Inglaterra, la FA pidió esas disculpas por no reconocer el fútbol femenino y detener durante 50 años el progreso de las mujeres en el fútbol. La gente empezó más tarde. Y nosotras tuvimos más o menos el mismo problema. Empezamos más tarde, con lo que en España siempre fuimos por detrás del verdadero poderío del fútbol femenino español por la falta de progreso que tuvimos por la Federación. En Inglaterra tienen un Hall of Fame, un Salón de la Fama de sus internacionales, que también está abierto para las mujeres. Está oficialmente reconocido por la FA… y en España hay un Salón de la Fama que es solo de hombres. No lo veo correcto, fair. Somos dos o tres generaciones que deberíamos ser reconocidas por la Federación.

—Es como si hubiera una jugarreta o un agujero negro en el túnel del tiempo del fútbol femenino español. Conchi, la mujer apodada Amancio… nunca llegó a debutar oficialmente con España.

—Con la carrera que tuve en España y fuera… no importó. Después no me convocaron para el equipo nacional en 1983, cuando yo estaba en la cumbre de mi juego y era probablemente uno de las mejores jugadoras de Europa… si no la mejor. Fue falta de cariño y respeto. Si me hubieran llamado, yo hubiera ido sin que me pagaran, sin nada, solamente por jugar en mi país. Esto ya es bastante malo. Pero no solo es eso. Después hay jugadoras como Laura del Río o Verónica Boquete que sí han sido reconocidas. Estoy feliz por ellas… pero que no se reconozca mi carrera fue algo inaceptable. Escandaloso. Yo fui la primera capitana de España. No solo eso. Siempre estuve muy orgullosa de ser española y quise jugar por mi país. De no haber sido por la Prensa española, todo lo que hicimos en los 70 estaría hoy olvidado. Eso no es aceptable para todas nosotras: ni para mí, que tuve una carrera de 23 años. No basta hablar de las pioneras, no. Reconocernos sería muy importante por las raíces. Las nuevas generaciones crecieron sin saber nada de nosotras.

—Pese a todo, este de hoy es otro mundo, con esas nuevas generaciones…

—Mi experiencia es muy diferente. Yo me marché a Italia y allí teníamos mucha más gente que ahora viendo los partidos. Teníamos páginas enteras en los periódicos. Las comparaciones son difíciles. Ahora hay Internet y todo eso, pero cuando yo llegué a Italia, los periódicos y las radios hablaban regularmente de nosotras. Teníamos en Padua una media de 3.000 personas por partido: en los años 70. Hoy ha cambiado la cosa y las chicas entrenan todos los días. Mis compañeras en Italia trabajaban. En los 70 eran todas chicas trabajadoras. Y esa es la historia del fútbol, porque el fútbol masculino también empezó con los trabajadores, las fábricas y todo esto, y en Inglaterra, el fútbol femenino, y ahora las chicas son generalmente universitarias, tienen sus estudios… ha cambiado la sociedad. Es un tema social. Pero en aquellos tiempos no estaba reconocido.

—¿No todo ha cambiado para bien en el fútbol femenino?

—En nuestra época, lo nuestro era una primicia. Teníamos cal y arena. Había gente que hacía unas críticas tremendas y otra a la que le caíamos muy bien, ¿sabes? Se estaba empezando y quizá por eso había mucha más repercusión. Ahora todo es lo políticamente correcto, politically correct, mucha gente piensa ciertas cosas y no las dice, hay que tener cuidado: tampoco te puedes meter y decir burradas si tienes una posición. Lees ciertos comentarios y todavía es horrible lo que piensan del fútbol femenino. Pero, con todo lo que ha mejorado el fútbol femenino, la FIFA, la UEFA, y con las chicas como nunca… los campos están vacíos.

—Y, sin embargo, sí se llenaban en aquellos viejos días de Folklóricas y Finolis o en aquella película de Las Ibéricas…

—Madre mía. Se llenó el Estadio de Vallecas. Tuvo una repercusión tremenda en aquellos años, con las vedettes… pero no le hizo mucho bien al fútbol femenino. Nosotras jugábamos, éramos chicas muy jóvenes que jugábamos muy bien, éramos la generación que teníamos que haber estado en la Selección hasta mediados de los 80. Pero se perdió esa generación completamente y la generación que vino después ya no nos tenía a nosotras como modelos para poder construir. Ahí se hizo mucho daño y todavía estamos pagando las consecuencias, aunque ahora el fútbol femenino en España ha subido muchísimo. Lo sigo y lo he visto todo… ha pegado un salto enorme, pero todavía nos cuesta mucho respecto a otros países, porque hay una Leyenda Negra, entre comillas, que hay que limpiar: y solo se podrá limpiar cuando se reconozca a la gente que ha trabajado por esto desde el principio.

—¿Le gusta más, Conchi, esta España de ahora o aquella que abandonó en 1973 para irse a Italia?

—Mire, lo que no me gusta es eso de “pobrecitas clandestinas”. No, eso no. Nosotras jugábamos en campos que siempre estaban llenos. De clandestinas, nada. Es como la política ahora. Los catalanes independentistas están montando una cosa negra de España que es horrible. Depende de cómo cuentes la historia, pero si quieres poner un nubarrón negro a los españoles y estar siempre acomplejados por el resto de nuestras vidas, bueno, pero España es un gran país, tenemos grandes artistas, gran Literatura… tenemos que empezar a espabilarnos los españoles, ser un poco más nuestros y valorar lo que tenemos. Ahí incluyo el fútbol femenino.

—¿Qué piensa o ve, con su experiencia, para hacer progresar aún más la actual situación?

—A ver… no puedes comparar el fútbol femenino con el masculino, es imposible. Pero tienes que introducir algunos cambios porque si no, esto es casi insostenible. Profesionalizar completamente el fútbol femenino cuesta dinero, y ese dinero de dónde se va a sacar… si la gente no va a los campos. No hay gente que tenga visión para hacer mercadotecnia con el fútbol femenino. Un cambio visual. Hacer llegar que es atractivo como un deporte de mujeres. Se necesita gente con visión para crear un nuevo nicho y atraer al público. No hay más espacio en el modo actual, no es sostenible. Se trata de una visión a largo plazo. Debe haber una estrategia de márketing y mercado. Si no veo a nadie capaz de esa estrategia, porque en mi opinión no hay nadie que venga de las raíces, que sea capaz de ver realmente de dónde vinimos y de vincular esas raíces con el crecimiento actual para llevar el fútbol femenino al siguiente nivel.

—Está la Liga Iberdrola, tan pimpante y garbosa.

—La Liga Iberdrola es genial, es algo fantástico. Es de lo mejor que puede ocurrir, tener una Liga de primer nivel en España. Pero no hay gente viendo los partidos. Han puesto dinero. En Italia, en los 70, también teníamos patrocinadores para sacar adelante el fútbol femenino, pero al final del día siempre necesitas gente viendo los partidos. En Inglaterra, en Bristol Academy, trabajé con un joven entrenador, Mark Sampson, que luego fue el seleccionador nacional. Hablamos de todo lo que debía ser cambiado en su totalidad. En Inglaterra están batallando para mejorar, para la calidad del Campeonato, para que vaya más público. No hay publicidad y así esto no es sostenible. Hay que preparar a la gente para cambiar muchas cosas en su conjunto. ¿Aquellas acusaciones contra Sampson? Sí que hubo dos acusaciones contra él, pero no sé cómo van a terminar. Yo no vi nada raro en Bristol Academy. Es un buen entrenador y todo eso me sorprendió. Sabes que ya no trabaja con la Selección inglesa, pero imaginas si hubiera pasado algo de eso en España… no lo despedirían nunca. Los españoles son muy diferentes a los ingleses.

—Una lesión de rodilla determinó el final de la carrera de Conchi Amancio…

—No jugar partidos internacionales me dio más tiempo para jugar más a nivel de equipo. Tuve muy mala suerte con la lesión de rodilla. Me llevaron a la Selección en 1983 después de que un enviado de Televisión Española hubiera preguntado en una entrevista al seleccionador italiano y a los periodistas italianos. Todos decían: “No sé cómo no han llevado nunca a Conchi a la Selección”. Me llamaron a partir de la entrevista. Yo tenía cerca de los 30, pero me hizo mucha ilusión. Me llamaron, me presenté… y me lesioné. Debió ser la Leyenda Negra. La negatividad. Me recuperé bastante bien. Jugué un año el primer Campeonato de Fútbol Sala femenino en Italia y lo ganamos. Después volví a jugar con el Arsenal… pero ya estaba la rodilla. Tenía 36 años y si no hubiera sido por la rodilla habría podido seguir: estaba muy en forma pero la rodilla ya molestaba mucho.

—De no haber jugado al fútbol, ¿cree que habría sido figura en cualquier otro deporte?

—Buena pregunta. Antes que futbolista fui y soy deportista. Fui quizá una de las mejores jugadoras del mundo de todos los tiempos, y no porque fuera una futbolista, sino porque era una buena deportista. Todo esto de las escuelas de hoy… yo jugaba a baloncesto, tenis, balonmano. Se me daban bien todos los deportes. Me encantaba correr. Tenía una buena predisposición, además de la base o fundación (foundation) que tengo como futbolista. Hubiera podido jugar a cualquier deporte, sobre todo al tenis. Ahora hago gimnasia y juego a ping-pong: a mi edad y con la rodilla, ya se sabe. Aquí llego aún algunas veces a jugar con los niños como cuando llegaba a la Plaza del 2 de Mayo y preguntaba ¿puedo jugar?

—Usted es muy del Real Madrid. Eso de que Florentino no tenga un equipo de fútbol femenino…

—Mi equipo es el Real Madrid, sí. Y mi jugador preferido, Sergio Ramos, que me encanta. Antes me gustaba mucho Platini. ¿Fútbol femenino en el Real Madrid? Bueno, ellos verán. He leído en un artículo que el presidente quiere empezar por la cantera. También soy del Arsenal.

—¿Quién es la mejor jugadora del mundo en 2017, Conchi?

—¿Tengo que mojarme? No vi una jugadora en los Europeos que me hiciera estremecer. Ahora, las jugadoras no son individualistas, no veo esas jugadoras que van a por el adversario, que jueguen en vertical, y vayan a por los dribblings; han crecido en las escuelas, con esa mentalidad de las escuelas de pasar el balón. Es un poco aburrido. No hay una que me encante. Sí hay muy buen nivel general, pero no sabría decir. La mente en blanco sobre eso.

—Su hermana Maribel también era buena futbolista, ¿no?

—Maribel era muy buena jugadora. Tuvo la oportunidad de venir a Italia conmigo y el equipo, encantado. La esperaban allí pero eligió casarse, ahora tiene tres hijos, nietos… eligió otro tipo de vida, en fin. Sí que era muy buena. Pero ama de casa… mi hermana no es, para nada. Es jefa. Eligió casarse y tener hijos. Sacó adelante un negocio con su marido. Estuvo trabajando siempre. No le apetecía marcharse al extranjero, pero es que en aquellos tiempos no todas las chicas se hubieran marchado al extranjero.

—Vivieron aventuras en los desplazamientos cuando viajaban con aquella Selección de los 70…

—Ja, ja. Pasaron tantas cosas… venían con nosotras Rogelio Núñez, de Marca, que estaba muy metido, y Miguel Miró, del AS. Nosotras nos quedábamos en el avión comiendo plátanos. Rogelio y Miró nos sacaron del apuro en una ocasión porque el dinero se acabó y teníamos que volver a Madrid. Yo, encantada siempre con la Prensa madrileña, siempre me han tratado muy bien. Dos partidos que jugamos en Italia, en Padua y Udine, el campo siempre estaba hasta arriba. Las internacionales de Italia de entonces eran para mí rol models, auténticos modelos.

—Eran los tiempos románticos, los buenos viejos días. ¿No es así?

—¿Me encuentra romántica? Bueno, los recuerdos son maravillosos. Eran los tiempos de Franco. Trabajábamos muy duro, pero lo disfrutábamos. Yo uso el pasado, pero no vivo en él, uso el conocimiento y las experiencias positivas y negativas para vivir en el presente y moldear el futuro. Como persona, continuamente me estoy reinventando a mí misma. Tampoco pienso que fuera rebelde, el caso mío no era el de una rebelde. Es más bien el de ser alguien diferente, como yo lo era: eso no es ser rebelde. Me gusta el título de su publicación: A la Contra.

—¿Se ve volviendo a España, a trabajar para que el fútbol femenino funcione mejor y progrese?

—Sería una maravilla. ¿Por qué no? Madrid está en mi corazón… tanto como España. Yo pertenezco ahí, a mis raíces. Tengo mucha experiencia y puedo ayudar al fútbol femenino a llegar a la próxima etapa. Soy una persona positiva y carismática. Creo que podremos traer a España una Copa del Mundo en los próximos diez años. Iré por España en febrero. De momento, seguiré haciendo mis cosas, dando mis clases de idiomas en Bristol para personal español en los colegios. También doy italiano. Y siento que traigo buena suerte.

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